Durante décadas, la odontología se entendió como un oficio local: reparar un diente, pulir una carilla, tratar una infección. Esa visión está quedando atrás. Hoy la evidencia acumulada muestra que la boca es un órgano más, interconectado con el resto del organismo, y que lo que sucede en ella influye (y es influido por) sistemas que van desde el cardiovascular hasta el inmunológico.
Eso no significa tratar con una mirada new-age o prometer curas milagrosas. Significa, concretamente, que cuando evaluamos a un paciente no miramos solo los dientes. Miramos la encía (signo temprano de inflamación sistémica), la saliva (marcador de estrés y reflujo), los maseteros (huellas de bruxismo y tensión), la lengua y el paladar (respiración, sueño, desarrollo). Y cuando tratamos, tratamos pensando en esas conexiones.
Esta página es un pilar, un punto de partida. En los artículos del blog profundizamos en cada una de las conexiones específicas: boca y corazón, boca y embarazo, bruxismo y estrés, respiración y postura, alimentación y microbioma.