AS Odontología Digital

2026-07-30 · 9 min

Dolor de mandíbula: por qué ocurre y cuándo consultar

Soy la Dra. Montserrat Ortega B. y me dedico al diagnóstico y tratamiento de los trastornos temporomandibulares y el dolor orofacial. Lo que más veo en mi consulta es dolor de mandíbula que la persona lleva años normalizando. Aprendió a masticar de un solo lado, dejó de abrir la boca del todo, asumió que tener la mandíbula tensa era parte de su vida. Eso que llamaste estrés durante años puede ser un trastorno temporomandibular, y quiero que sepas que tiene tratamiento.

Por qué me duele la mandíbula

Para masticar, hablar y tragar trabaja un sistema completo: los músculos masticatorios, la articulación temporomandibular (la ATM, que conecta la mandíbula con el cráneo justo delante de cada oído), los ligamentos y las estructuras asociadas. Ese sistema tolera muchísimo. Se adapta a cambios en la mordida, a hábitos nuevos, a períodos de sobrecarga, y sigue funcionando sin avisarte nada. El dolor, que es una experiencia emocional, aparece cuando se sobrepasa tu capacidad de adaptación. Ese es el punto que más me interesa que entiendas, porque explica por qué el mismo hábito no le hace daño a una persona y sí a otra: lo que cambia no es el hábito, es cuánto margen de adaptación le quedaba a ese sistema.

Cuando ese límite se cruza, el dolor puede venir de los músculos, de la articulación, de los ligamentos o de otras estructuras asociadas. Son todas ellas las que se inflaman y refieren dolor hacia la cabeza, el oído y el cuello. Cuando el origen está en la articulación, el problema suele localizarse en la zona retrodiscal, la más inervada e irrigada de toda la ATM. Saber cuál estructura está comprometida y por qué mecanismo cambia por completo el tratamiento, y es lo primero que evalúo.

Qué es un trastorno temporomandibular (TTM)

Los trastornos temporomandibulares son el conjunto de condiciones musculoesqueléticas y neuromusculares que afectan los músculos masticatorios, la ATM y las estructuras asociadas. Es importante entender que hablamos de una familia de diagnósticos y no de una sola entidad. Por eso mi trabajo no termina cuando digo la sigla TTM: ahí recién empieza, porque tengo que encontrar la causa y el lugar afectado para armar el tratamiento correcto para cada persona.

La taxonomía importa poco al lado de esto: lo que realmente define el tratamiento es el mecanismo. ¿Hay un proceso inflamatorio activo? ¿Hay sensibilización del sistema nervioso, en la que el dolor se mantiene aunque el estímulo original haya bajado? ¿Hay factores que están perpetuando el cuadro? Esas preguntas son las que dirigen todo lo demás.

Qué sabemos hoy sobre las causas

Durante muchos años se enseñó que el TTM era, sobre todo, un problema de sobrecarga oclusal: la mordida que no calza, el desgaste, la fuerza mal repartida. Hoy sabemos que esa explicación se quedó corta. La sobrecarga puede ser un factor contribuyente en algunas personas, pero no explica el TTM por sí sola, y no es la causa principal.

La mejor evidencia que tenemos al respecto viene del estudio OPPERA, un proyecto prospectivo estadounidense que reclutó y examinó a 3.258 adultos sin TTM y los siguió en el tiempo para ver quiénes lo desarrollaban y por qué. Está diseñado justamente para testear muchas variables a la vez y separar lo que acompaña al TTM de lo que realmente lo predice (Slade 2016). Los resultados reordenaron el mapa. Los predictores más influyentes del TTM clínico resultaron ser dos listas simples: la de otras condiciones de salud que la persona ya tenía y la de síntomas orofaciales no dolorosos. El predictor psicosocial más fuerte fue la frecuencia de síntomas somáticos (Fillingim 2013).

Algunos hallazgos concretos ayudan a dimensionarlo. Tener antecedentes de dolor lumbar se asoció a un 50% más de incidencia de TTM, y el sueño alterado y el tabaquismo aparecieron también como predictores independientes (Sanders 2013). El deterioro de la calidad del sueño predijo la aparición del TTM. Y las mujeres presentan alrededor del triple de probabilidad de TTM que los hombres (Slade 2011).

Lo que dibujan esos datos es un cuadro con factores biológicos, psicológicos y sociales que se combinan, y con dos mecanismos centrales: la inflamación y la sensibilización, tanto periférica como central. La sensibilización explica algo que muchos pacientes describen sin saber cómo nombrarlo: que con el tiempo duele más, con menos estímulo, y en zonas cada vez más amplias.

El bruxismo entra en esta historia, pero no como el villano único que se le pintó durante años. Es un factor que puede contribuir, y hay un dato de OPPERA que me parece revelador: lo que la propia persona reporta sobre sus parafunciones predice mucho mejor que lo que el examinador observa en la boca. Si quieres entenderlo en profundidad, lo desarrollo en qué es el bruxismo. Y cuando el bruxismo aparece durante el sueño, la pregunta obligada es qué está pasando con tu respiración nocturna, un vínculo que reviso en bruxismo y apnea.

Sobre el estrés quiero ser precisa, porque es donde más desinformación circula. El estrés no aumenta la tensión muscular: esa idea ya no está respaldada. Lo que hace el estrés es modular la percepción del dolor, igual que lo hace dormir mal o tener el sueño fragmentado. Por eso los síntomas empeoran en las épocas cargadas sin que la mandíbula haya cambiado en nada. Sobre esa relación escribí en estrés y bruxismo.

Las señales del TTM

Hay un patrón que reconozco apenas la persona empieza a describir lo que siente. No todas las señales aparecen juntas, ni en el mismo orden, pero cuando se combinan orientan bastante:

  • Dolor o fatiga en la mandíbula, sobre todo al comer o al hablar.
  • Click o ruido articular al abrir o cerrar la boca.
  • Dificultad o dolor al masticar, o la sensación de que la mordida no calza.
  • Dolor al abrir la boca o apertura limitada.
  • Dolor de cabeza, muchas veces en las sienes, de origen musculoesquelético.
  • Dolor de oído o sensación de oído tapado sin causa otorrinolaringológica clara.

El dolor de cabeza asociado a la mordida y la ATM tiene un mecanismo propio, que explico en detalle en este artículo sobre mordida, ATM y dolor de cabeza.

Los ruidos articulares: por qué siempre vale la pena evaluarlos

Acá quiero corregir algo que se repite mucho: la idea de que un click sin dolor no importa. El ruido articular es una de las señales que tiene la articulación para avisarte que algo está pasando, y merece evaluación aunque no duela y aunque no se trabe.

El motivo es que el dolor no mide el daño. El dolor es una experiencia emocional, y su intensidad no te dice cuánto se ha deteriorado la articulación. Hay personas con mucho dolor y poco daño estructural, y personas con la situación exactamente inversa.

Un ejemplo típico de la consulta: un desplazamiento discal con reducción puede manifestarse solo como un click, sin dolor ni trabamiento. Si no se trata, lo más probable es que progrese hacia un desplazamiento discal sin reducción, con trabamientos, bloqueos y limitación de apertura. El click era el aviso.

Todo ruido articular merece evaluación, y lo que más me preocupa es que cambie: que se vuelva más frecuente, que suene más fuerte, o que desaparezca. La desaparición de un ruido rara vez significa que el problema se resolvió solo.

La apertura limitada

Le doy una sección aparte porque es una de las señales más importantes y la que más se subestima. Que la boca no abra lo que abría antes, que la mandíbula se trabe, o que tengas que forzar para abrir, indica que la mecánica de la articulación está comprometida y no solo que hay un músculo cansado.

Una apertura que se reduce de forma progresiva, o un bloqueo que aparece de golpe y no cede, necesita evaluación pronta. Cuanto más tiempo pasa una articulación funcionando en un rango restringido, más se consolidan los cambios y más largo se vuelve el camino de vuelta.

Cuándo el dolor de mandíbula es una urgencia

Hay una situación que quiero que tengas muy clara. El dolor de mandíbula, sobre todo del lado izquierdo, puede en algunos casos ser señal de un problema cardíaco, y de hecho mucha gente lo busca en internet como 'dolor de mandíbula infarto'. Si el dolor de mandíbula aparece de forma súbita junto con dolor o presión en el pecho, dificultad para respirar, sudoración fría, o se irradia hacia el brazo, el cuello o la espalda, no lo interpretes como un problema dental: busca atención médica de urgencia de inmediato o llama a los servicios de emergencia. Esto es todavía más importante si tienes factores de riesgo cardiovascular. También son motivo de atención urgente el bloqueo agudo de la mandíbula que no te deja cerrar ni abrir, un golpe o traumatismo reciente en la cara, y la hinchazón con fiebre, que puede indicar una infección. En cualquiera de estos casos, la urgencia va primero y la evaluación del TTM viene después.

Cuándo debes consultar

Mi recomendación es directa: si tienes dolor mandibular que no tiene una explicación dentaria, consulta con un especialista en trastornos temporomandibulares y dolor orofacial para buscar la causa y tratarla. La razón es que un dolor agudo puede pasar a crónico con bastante rapidez, y un cuadro crónico es una conversación distinta y más larga.

También vale la pena consultar si el ruido articular cambió, si abrir la boca te cuesta o te duele, si la mandíbula se traba, si aparece dolor de oído sin causa otorrinolaringológica, o si el dolor ya está afectando cómo comes, cómo duermes o cómo vives el día a día. Y si llevas meses tomando analgésicos por tu cuenta para un dolor que siempre vuelve, eso por sí solo ya es motivo de evaluación.

Cómo se trata

El tratamiento del TTM es individualizado y mínimamente invasivo, y se construye a partir de una pregunta: cuál es el mecanismo del dolor en tu caso. Esa respuesta es la que define todo lo demás.

Cuando hay un proceso inflamatorio, el manejo apunta a bajar esa inflamación y descargar la articulación: reposo mandibular, uso de plano, fármacos cuando corresponde y, en determinadas situaciones, lavados articulares e infiltraciones. Sobre el plano vale la pena aclarar para qué sirve hoy, porque la idea que circula está desactualizada. No lo indico para 'proteger los dientes' ni para relajar músculos: lo uso para descargar la articulación y disminuir la presión en la zona retrodiscal, que al ser la más inervada e irrigada es la que genera más dolor. Por eso en el día a día trabajo más con planos pivotantes que con planos de ajuste oclusal.

La segunda línea de trabajo es modular el sistema nervioso, regulando el sueño y el estrés, que son moduladores directos de cómo percibes el dolor. La tercera es abordar los factores perpetuantes, y acá entra buscar activamente lo que está sosteniendo el cuadro: enfermedades sistémicas como la fibromialgia, alteraciones del sueño como la apnea obstructiva, ansiedad. Y el objetivo final, una vez controlado el dolor, es devolverle la función a tu articulación.

Una precisión sobre terapias que se ofrecen mucho: prefiero no indicar de entrada fisioterapia o maniobras que movilizan y cargan la ATM. Mientras el TTM no está resuelto, los músculos no se van a relajar, porque esa cocontracción es protectora, el cuerpo la está generando para cuidar la articulación. Y en articulaciones con osteoartritis, movilizar sin haber resuelto el fondo suele empeorar el cuadro. Primero tratamos el TTM, después los músculos.

Lo que no hago nunca es empezar por lo irreversible. Ajustar dientes o plantear cirugía son decisiones de última línea, reservadas para patologías puntuales.

Si llevas tiempo conviviendo con dolor de mandíbula, ruidos al abrir la boca o mandíbula tensa al despertar, quiero que sepas que eso no es algo que tengas que aguantar. Una evaluación integral permite encontrar el origen de lo que sientes y trazar un plan. Mientras antes lo miremos, antes dejas de vivir con el dolor.

Preguntas frecuentes

¿Por qué me duele la mandíbula?

Porque hay todo un sistema trabajando: los músculos masticatorios, la articulación temporomandibular (ATM), los ligamentos y las estructuras asociadas. Ese sistema tolera mucho, y el dolor, que es una experiencia emocional, aparece cuando se sobrepasa tu capacidad de adaptación. Puede originarse en los músculos, en la articulación, en los ligamentos o en otras estructuras asociadas, que se inflaman y refieren dolor hacia la cabeza, el oído y el cuello. Si el dolor se repite, conviene evaluarlo para saber cuál estructura está comprometida y por qué mecanismo.

¿El click de la mandíbula es grave?

El click o ruido articular es una de las señales que tiene la articulación para avisar que algo está pasando, así que vale la pena evaluarlo aunque no tengas dolor ni trabamiento. El dolor no mide el daño: es una experiencia emocional y su intensidad no refleja cuánto se deterioró la articulación. Lo más preocupante de un ruido es que cambie, que se vuelva más frecuente, más fuerte, o que desaparezca. Un desplazamiento discal con reducción puede ser solo un click hoy y progresar a trabamientos y limitación de apertura si no se trata.

¿La mordida es la causa del TTM?

La sobrecarga oclusal puede ser un factor contribuyente en algunas personas, pero no explica el TTM por sí sola y hoy no se considera la causa principal. La evidencia más sólida que tenemos, el estudio prospectivo OPPERA con 3.258 participantes, mostró que los predictores más influyentes fueron otras condiciones de salud presentes, los síntomas orofaciales no dolorosos, la frecuencia de síntomas somáticos y el deterioro del sueño. El modelo actual habla de factores biológicos, psicológicos y sociales, con mecanismos inflamatorios y de sensibilización periférica y central.

¿El TTM se cura?

El TTM responde bien cuando el tratamiento es individualizado, es decir cuando encontramos la causa y los mecanismos que están perpetuando el cuadro. El manejo es mínimamente invasivo y se ordena según el mecanismo: bajar la inflamación y descargar la articulación, modular el sueño y el estrés, tratar los factores perpetuantes y devolver la función. Mientras antes se aborda, mejor suele ser la respuesta, porque un cuadro normalizado durante años tiende a ser más difícil de revertir.

¿Cuándo debo consultar por dolor de mandíbula?

Si tienes dolor mandibular que no tiene explicación dentaria, consulta con un especialista en trastornos temporomandibulares y dolor orofacial para buscar la causa y tratarla, porque un dolor agudo puede pasar a crónico con rapidez. También si el ruido articular cambió, si abrir la boca te cuesta o te duele, si la mandíbula se traba, si hay dolor de oído sin causa otorrinolaringológica, o si el dolor ya afecta cómo comes, duermes o vives el día.

¿El estrés causa el TTM?

El estrés actúa como modulador de la percepción del dolor, igual que dormir mal o tener el sueño fragmentado. La idea de que aumenta la tensión muscular ya no está respaldada. Eso explica por qué los síntomas empeoran en las épocas cargadas aunque la mandíbula no haya cambiado. El TTM surge de varios factores biológicos, psicológicos y sociales que se combinan, por eso regular el sueño y el estrés forma parte del tratamiento como modulador del dolor.

¿El dolor de mandíbula puede ser del corazón?

Sí, en algunos casos el dolor de mandíbula, sobre todo del lado izquierdo, puede ser síntoma de un problema cardíaco. Si aparece de forma súbita junto con dolor o presión en el pecho, falta de aire, sudoración fría o dolor que se irradia al brazo o al cuello, busca atención de urgencia de inmediato o llama a emergencias. Ante la duda, la evaluación médica va primero.

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